Antes de nada, acotemos este término. La Dirección General de Telecomunicaciones entiende la teleeducación como «una enseñanza a distancia, abierta, flexible e interactiva basada en el uso de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, y de las comunicaciones, y sobre todo aprovechando los medios que ofrece la red Internet».

Para profundizar más en este tipo de consideraciones y reflexiones invitamos al lector a que vea este documento (http://www.raco.cat/index.php/RUSC/article/view/49343/50232).

Este modelo de enseñanza, sin duda, aporta notable ventajas. A modo telegráfico:

Pone a disposición de los alumnos un amplio volumen de información.

– Facilita la actualización de la información y de los contenidos.

– Flexibiliza la información, independientemente del espacio y el tiempo en el cual se encuentren el profesor y el estudiante.

– Permite la deslocalización del conocimiento.

– Facilita la autonomía del estudiante.

– Propicia una formación just in time y just for me.

– Ofrece diferentes herramientas de comunicación sincrónica y asincrónica para los estudiantes y para los profesores.

– Favorece una formación multimedia.

– Facilita una formación grupal y colaborativa.

– Favorece la interactividad en diferentes ámbitos: con la información, con el profesor y entre los alumnos.

– Facilita el uso de los materiales, los objetos de aprendizaje, en diferentes cursos.

– Permite que en los servidores pueda quedar registrada la actividad realizada por los estudiantes.

– Ahorra costes y desplazamiento.

Hasta aquí, nada que objetar, son ventajas…

Pero veamos algunos de los inconvenientes más sobresalientes, que también los hay:

– Requiere más inversión de tiempo por parte del profesor. (en el caso de nuestros alumnos, no es un problema, es un coste que asume la empresa).

– Precisa unas mínimas competencias tecnológicas por parte del profesor y de los estudiantes.

– Requiere que los estudiantes tengan habilidades para el aprendizaje autónomo. (el aprendizaje, al final, siempre se sustenta en el esfuerzo individual, aunque tenga los apoyos que sea tanto humanos como materiales).

– Puede disminuir la calidad de la formación si no se da una ratio adecuada profesor-alumno. (La solución a este problema pasa, como es el caso, por un amplio espectro horario de atención y equipos multidisciplinares que atiendan las demandas del alumno más por el tema de la consulta que por el hecho de ser tutor de un determinado curso.

– Requiere más trabajo que la convencional. (Sí, no cabe duda, pero la satisfacción del logro y la flexibilidad y versatilidad que ofrecen estos sistemas también son muy notables).

– Supone la baja calidad de muchos cursos y contenidos actuales. (Este situación no podría darse por mucho tiempo en la empresa, si fuera el caso, no ajustarse a las demandas y objetivos de los clientes es estar abocado necesario al fracaso. Superar esta dificultad es «conditio sine qua non» para poder estar en el mercado.

– Se encuentra con la resistencia al cambio del sistema tradicional.

– Impone soledad y ausencia de referencias físicas. (Para evitar esta consideración: la presencia significativa de nuestras delegaciones)

– Depende de una conexión a Internet, y que ésta sea además rápida. (Es un servicio que ofrecemos gratuitamente, en nuestras delegaciones si nuestro alumno lo necesita).

– Tiene profesorado poco formado.

– Supone problemas de seguridad y además de autentificación por parte del estudiante. (En el caso de buscar o pretender algún engaño, al final, el propio engañado es quien lo practica, dado que será él mismo el que no consiga su objetivo, dado que no alcanzará los conocimientos que precisa para lograr su meta).

– Existe una brecha digital. (Que se puede superar con el apoyo de los entrenadores en cada una de las delegaciones y con el apoyo de materiales multimedia muy elementales y prácticamente autoejecutables que guían en conocimiento de los usuarios).

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